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Señor, mi Dios, al contemplar los cielos, El firmamento y las estrellas mil, Al oír tu voz en los potentes truenos Y ver brillar el sol en su cenit.
// Mi corazón entona esta canción: ¡Cuán grande es Él! (bis) //
Al recorrer los montes y los valles, Y ver las bellas flores al pasar; Al escuchar el canto de las aves Y el murmurar del claro manantial.
Cuando recuerdo del amor Divino, Que desde el cielo al Salvador envió, Aquel Jesús que por salvarme vino Y en una cruz sufrió y por mí murió.
Cuando el Señor me llame a su presencia Al dulce hogar, al cielo de esplendor, Le adoraré, cantando la grandeza De su poder y su infinito amor. |
La letra procede de una poesía escrita por
Carl Gustav Boberg (1859-1940), en 1885; pastor y senador sueco, que un día soleado, cuando
regresaba de una reunión, le sorprendió una tormenta en medio del campo.
Entonces se refugió entre unos árboles, y meditando en la grandeza de Dios
recibió la inspiración.
En 1891 Boberg lo publicó en un
periódico semanal que él mismo editaba. En 1907 fue traducido al alemán
y en 1912 al ruso, por Ivan S.Prochanoff.
Stuar K. Hine, misionero inglés, lo aprendió en Ucrania, Rusia, donde habían añadido la segunda estrofa, e hizo la traducción añadiéndole la cuarta estrofa, en 1948, y fue quien compuso el arreglo musical con el que se conoce hoy. Posteriormente, fue traducido por un misionero australiano en Argentina, Arturo W. Hotton, al castellano, en 1958.