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Del santo amor de Cristo Que no tendrá su igual, De Su divina gracia, Sublime y eternal, De Su misericordia, Inmensa como el mar Y cual los Cielos alta, Con gozo he de cantar.
El amor de mi Señor, Grande y dulce es más y más; Rico e inefable, Nada es comparable Al amor de mi Jesús.
Cuando el vivió en el mundo La gente lo siguió, Y todas Sus angustias En El depositó; Entonces, bondadoso, Su amor brotó en raudal Incontenible, inmenso, Sanando todo mal.
El puso en las pupilas Del ciego nueva luz, La eterna luz de vida Que centellea en la cruz; Y dio a las almas todas La gloria de Su ser, Al impartir Su gracia, Su Espíritu y poder.
Su amor, por las edades Del mundo, es canal, Que marca esplendoroso La senda del ideal; Y el paso de los años Lo hará más dulce y más Precioso al darle al alma Su incomparable paz. |
Mientras atendía su hogar, siempre tenía papel y lápiz en la cocina para anotar las palabras de nuevos himnos. Su hijo, al ver que la vista le fallaba le preparó un tablero de 9 metros de largo donde podía escribir sus letras y notas en trazos grandes.
En 1914 quedó completamente ciega; pero no perdió su gozo en el Señor ni su deseo de servirle. siguió colaborando en la iglesia y en su casa como esposa y madre ejemplar.
Le gustaba tanto hablar del santo amor de Cristo que llegó a ser el título de uno de sus himnos más favoritos, de más de mil que escribió, animando a seguir adelante en medio de las dificultades de la vida.