¡SANTO, SANTO, SANTO!

¡Santo, santo, santo! Señor omnipotente,

Siempre el labio mío loores te dará.

¡Santo, santo, santo! Te adoro reverente,

Dios en tres Personas, bendita Trinidad.

 

¡Santo, santo, santo! El numeroso coro

De tus escogidos te adoran sin cesar

De gratitud llenos, y sus coronas de oro,

Alrededor inclinan del cristalino mar.

 

¡Santo, santo, santo! La inmensa muchedumbre

De espíritus puros que hacen tu voluntad,

Ante ti se postran bañaos en tu lumbre,

Ante ti, que has sido, que eres y serás.

 

¡Santo, santo, santo! Por más que estés velado

Con sombras, y el hombre no te pueda mirar,

Santo tú eres sólo y nada hay a tu lado

En poder perfecto, pureza y caridad.

 

¡Santo, santo, santo! La gloria de tu nombre

Publican tus obras en cielo, tierra y mar,

¡Santo, santo, santo! Te adore todo hombre,

Dios en tres Personas, bendita Trinidad.

H-289    Sonido: (((·)))




REGINALD HEBER, 1783-1826

Historia del autor en: "De heladas cordilleras"

El texto de este himno evoca la adoración celestial descrita en Apocalipsis 4:8.

La música lleva el nombre de NICEA, donde se celebró un concilio en el año 325, y se redactó un credo en el que se reafirma la realidad de un Dios que se manifiesta en tres personas.

Este himno fue traducido al castellano por Juan Bautista Cabrera. Ver sobre él en: "Suenen dulces himnos".