QUE MI VIDA ENTERA ESTÉ

Que mi vida entera esté

Consagrada a ti, Señor:

Que a mis manos pueda guiar

El impulso de tu amor.

 

Lávame en tu sangre, Salvador,

Traigo a ti mi vida,

Para ser, Señor,

Tuya por la eternidad.

 

Que mis pies tan sólo en pos

De lo santo puedan ir,

Y que a ti, Señor, mi voz

Se complazca en bendecir.

 

Que mi tiempo todo esté

Consagrado a tu loor,

Que mis labios al hablar,

Hablen sólo de tu amor.

 

Toma ¡oh Dios! mi voluntad,

Y hazla tuya, nada más;

Toma, sí, mi corazón;

Por tu trono lo tendrás.

 

Toma tú mi amor, que hoy

A tus pies vengo a poner;

Toma todo lo que soy;

Todo tuyo quiero ser.

FRANCES RIDLEY HAVERGAL, 1874

Hija de una familia inglesa distinguida. Se deleitaba en la adoración oración y lectura de la Biblia, de la que a una edad muy temprana había memorizado muchos pasajes.

Éste es el himno más querido de la Srta. Havergal. Fue escrito en 1874, y su aceptación mundial se ve en que ha sido traducido a una docena de idiomas Europeos e incluso a varios de Asia y África.

Ella misma escribió: “Tal vez estés interesado en conocer el origen del himno de consagración, «Que mi vida entera esté consagrada». Fui por una corta visita de 5 días (a Areley House). Había 10 personas en la casa, algunos inconversos y por los que hacía tiempo que se oraba, y otros convertidos pero que no eran Cristianos gozosos. Dios me dio la oración: «Señor dame TODA esta casa». Y Él lo hizo. Antes de marcharme todos habían recibido una bendición. La última noche de mi visita, después de haberme retirado a dormir, la gobernanta me pidió que fuera a ver a las dos hijas. Estaban llorando. Allí las dos creyeron y se regocijaban. Era casi medianoche. Estaba demasiado contenta como para dormir, y pasé la mayor parte de la noche en alabanza y renovando mi propia consagración; y estas pequeñas coplas se formaron y repicaron en mi corazón una tras otra hasta concluir con: «Siempre, SOLO, TODO para Ti!».”

La vida de Frances Ridley Havergal era en verdad una vida de consagración. Así escribía a un amigo: “El Señor me ha enseñado otro pequeño paso, y por supuesto lo he dado con gran deleite. «Toma mi plata y mi oro» (1ª línea de la 2ª estrofa en inglés), ahora significa embarcar todos mis adornos para la Casa Misión de la Iglesia (incluyendo un joyero que es propio de una condesa)... Me quedo con un broche o dos para el uso diario, que son recuerdos de mis parientes queridos, también un medallón con una foto de mi sobrina que está en el cielo, mi Evelyn, y sus dos anillos... Casi 50 artículos están siendo empaquetados. Creo que nunca he cerrado una caja con tanto placer.”

A pesar de su salud irregular, vivió una vida muy activa, siendo casi todo su trabajo totalmente dedicado al servicio del Maestro: Habló, enseñó, cantó, oró, y escribió para Él. Visitaba a los enfermos y débiles, a menudo haciendo grandes viajes para llevar un mensaje de amor.

En otoño de 1878, a Srta. Havergal se trasladó a Mumbles, Bahía de Swansea. Aquí, se esperaba que encontraría un lugar tranquilo de descanso, para que pudiera recuperar algo de su vitalidad perdida; pero su continua compasión hacia los pobres sobrepasó su debilidad, y el 3 de junio del año siguiente, la dulce cantora pasó a la presencia del Rey. Tan sólo tenía 42 años.


Más sobre la autora en:
"Del trono celestial"
"Mi existencia y mi valer"
"Mi vida di por ti"
"Oh, háblame, Señor"