¡OH, HÁBLAME, SEÑOR!

¡Oh, háblame, Señor,

Y hablaré en eco de tu voz;

Y con tu ayuda buscaré

Al que anda lejos y sin Dios.

 

Oh, guiamé y guiaré

En tus caminos, oh Señor,

Al vacilante y débil pie

Que va por sendas de error.

 

Enséñame, y enseñaré

Palabras tuyas de verdad;

Dame alimento y daré

a los hambrientos tu maná.

 

Oh, lléname, Señor Jesús;

Rebose tu amor en mí;

Que fiel refleje yo tu luz,

Y glorifique sólo a ti.

 

Oh, úsame, mi salvador,

Según tu santa voluntad;

Servirte es mi sumo honor

Ahora y en la eternidad.

FRANCES RIDLEY HAVERGAL, 1872

Entre los muchos himnos que escribió, este es de belleza especial: refleja los anhelos y aspiraciones de un alma santificada, tan hermosamente ejemplificados en su vida.


Ver sobre el autor en:
"Del trono celestial"
"Mi existencia y mi valer"
"Mi vida di por ti"
"Que mi vida entera esté consagrada"