MI EXISTENCIA Y MI VALER

Mi existencia y mi valer

Consagrado sea a Dios,

Y mis días con placer

Pasarán en su loor.

 

A mis manos en su hacer

Mueva tierno y fiel amor,

Y las sendas del deber

Correré con santo ardor.

 

Mi fortuna con mi haber

Te consagro con amor:

Porque eres mi Dios, mi Rey,

Mi Providencia y Señor.

 

Tus mandatos y tu ley

En mi pobre corazón

Siempre con amor tendré

Y cumpliré con fervor.

 

Ratifica, ¡oh, buen Jesús!

Esta mi consagración,

Y veré por fin la luz

En la celestial Sión.

H-434    Sonido: (((·)))




FRANCES RIDLEY HAVERGAL (1836-1879)

Hay una historia detrás de este himno conmovedor, como ocurre con la mayoría de los himnos. Al principio de sus años 30, la Srta. Havergal fue para quedar con unos amigos en Areley House por unos días. Había 10 personas en la casa, algunos Cristianos infelices, y otros inconversos, cuyas vidas eran tema de oración.

Estas son sus propias palabras: "Dios me dio una oración: 'Señor, dame todos los que están en esta casa.' Y Él lo hizo; antes de que me marchara cada uno había recibido una bendición. La última noche de mi visita, después de que me había retirado, la institutriz me pidió que fuera a junto de las dos hijas. Estaban llorando; entonces y allí mismo ambas creyeron en el Señor y comenzaron a regocijarse. Era casi medianoche. Estaba demasiado contenta como para dormir y pasé la mayor parte de la noche en alabanza y renovación de mi propia consagración, y estas pequeñas coplas se formaron y resonaron en mi corazón una tras otra, hasta que terminaron con 'Para siempre, sólo, todo para Tí.'

Es muy llamativo notar cómo en cada una de las 12 coplas de este poema, la combinación de "mi Señor" y "mi" es recurrente. Debe ser notado porque está lleno de valor devocional. "Mi vida... consagrada a Ti;" "Mis manos... Tu amor;" "Mi voz... mi Rey;" "Mi voluntad... la tuya;" "Mi amor... Tus pies;" "Lo que soy...Tuyo." Estos son sólo unos pocos de los pares que pueden ser sacados. Cristo tiene una demanda sobre cada parte de nosotros; lo debemos todo a Él.

Este es uno de los himnos más fluidos que uno puede leer. Es algo bello que será un gozo para siempre. Creo que este himno ha probado ser de fácil traducción. El suave fluir del mismo raras veces ha sido igualado y nunca superado. Es una pieza maestra. No sorprende que una autoridad habla de él como "uno de los himnos más hermosos y más amados" que existe.

Después de escribir este himno, ella cantó sólo para Jesucristo. Esto fue en diciembre de 1873. En agosto de 1878, escribió a un amigo: "El Señor me ha enseñado otro pequeño paso, y por supuesto lo he dado con sumo placer. 'Toma mi plata y mi oro' ahora significa despachar todos mis adornos al C.M.S. (incluyendo un despacho de joyas que es realmente adecuado para una condesa)."

La Srta. Havergal escribió un precioso libro, titulado: "Guardada para el Uso del Maestro"; es un comentario sobre este himno y es uno de los libros más útiles que se puede encontrar sobre el tema de consagración y rendición total.

El himno en sí es una oración, una apelación, una ofrenda. Es la respuesta de uno que siente que nada puede ser retenido porque Cristo lo dio todo.

Él dio su vida -"El Buen Pastor Su vida da por las ovejas." Fue dada no por amigos, sino por enemigos, y dada sin reservas. Allí vemos el mayor don que la Deidad podía ofrecer; y tal don de Su vida demanda mi alma, mi vida, mi todo! No hay alternativa. Eres digno de recibir, -toma mi vida.

Toma mis manos: Piensa en Sus manos, que fueron traspasadas con clavos; pero fue el amor y no los clavos que le sujetaron a la Cruz. Aquellas manos tiernas, fieles, fuertes, abiertas, las destrozaron con enormes estacas de hierro que hicieron traspasar con brutalidad por la piel temblorosa. Y mientras lo hacían, él oró: "Padre perdónalos, porque no saben lo que hacen". ¿Podemos hacer otra cosa que no sea poner nuestras manos con gozo en las Suyas?

Sí, y nuestras voces también han de ser suyas, porque hemos oído Su voz. Las palabras que Él habló no eran Suyas, sino del Padre que le envió. "Mientras cantamos," Frances Havergal solía decir, "miremos arriba a Él en busca de su sonrisa. De esta manera nuestras canciones alcanzan a más corazones que palabras más finas no acompañadas por Su poder."

Toma mi corazón, mi amor, a mí... Nada menos valdrá, porque Él nos dio su corazón. "He aquí... Él es poderoso... de corazón," dice Job (36:5, nota marginal). Y este corazón poderoso y tierno nos ama con un amir eterno. Él murió  a causa de un corazón partido por ti:

"Toma mi corazón; es Tuyo;
Lo será por Tu trono real."

Permíteme que concluya diciéndote cómo empezó todo con Frances, cómo rindió su corazón a Cristo. Era hija de un clérigo, y desde sus primeros años tenía un profundo interés en las cosas de Dios, especialmente en el significado de la Cena del Señor. El sermón de un cura en Worcester sobre el texto: "No temáis, manada pequeña", le impresionó profundamente, y habló con él, pero era un consejero inhábil y no pudo ayudarla a encontrar a Cristo.

En febrero de 1851, con un corazón muy cargado, fue a Okehamton, "anhelando saber que estaba perdonada". En poco tiempo la Srta. Cooke llegó a ser su confidente, y un día, después de una larga conversación, le preguntó: "¿Por qué no puedes confiar tu vida al Salvador de una vez?" "Sí que puedo." Corriendo escaleras arriba entregó su alma al Salvador, y bajó más tarde sintiendo que había confiado en Cristo. Esta es la fuente del río, desde entonces la bendición ha fluido sin parar.

La Srta. Havergal encargó copias de su Himno de Consagración que a menudo utilizaba en sus reuniones. Solía pedir a los que Dios hubiera hablado que firmaran sus nombres al pie como una señal de su resolución "Siempre, solo, todo para Jesús."

¿Querrás tú escribir el himno y firmarlo?


Más sobre la autora en:
"Del trono celestial"
"Mi vida di por ti"
"Oh, háblame, Señor"
"Que mi vida entera esté consagrada"
(traducción más literal)